Teoría de las signaturas

Asparagus

Espárrago silvestre, ¿símbolo fálico?

La teoría o doctrina de las signaturas, también llamada “teoría de los signos”, es una creencia muy común en muchos pueblos. Lo que dice es que las plantas demuestran por signos de analogía sus virtudes. Se considera un gran promotor de esta doctrina al médico famoso Paracelso (1493-1541) de Suiza (germanoparlante).

Por ejemplo tanto la planta que hoy se llama Pulmonaria como el liquen que se llama Pulmonaria de árbol recordaban a la gente a pulmones y por eso se usaban para problemas de pulmones, y sus propiedades expectorantes hoy en día se consideran comprobados. Los dos organismos en muchos idiomas llevan nombres que aluden al pulmón.

Es lo que en la etnol0ogía se conoce por el nombre “magia de analogía”. Las ciencias rechazan ese tipo de lógica, pero se guarda en muchas doctrinas esotéricas como la antroposofía y la astrología.

Hoy en día en el mundo científico se suele sonreír sobre esas creencias. Pero tenemos que tener en cuenta que esas interpretaciones no eran simplemente conclusiones estúpidas de los signos sino que se comprobaban en el uso práctico. Las propiedades que no se podían comprobar, no se aceptaban tan fácilmente. Así entre las muchas plantas con cierta propiedad se descubrían más fácilmente las que tenían los signos correspondientes.

Raíz de tormentila

Raíz de tormentila

La raíz de la Tormentila es ligeramente roja (en alemán, esta planta se llama “Blutwurz”, “raíz de sangre”) y se concluyó que tiene virtudes para la sangre. ¿Pero cuáles virtudes? Eso se encontró en el uso: Calma las hemorragias, cierra las heridas, gracias a sus taninos. La Remolacha roja en cambio, es buena para la formación de la sangre (eso gracias a su contenido en hierro, justo el elemento que le da el color rojo).

Al Helecho macho se le atribuía una virtud contra los gusanos intestinales por los soros (donde crecen los esporos) cuya forma recuerda a gusanos (en alemán se llama “Wurmfarn”, “helecho de gusano”). La planta de verdad mata los gusanos, sin embargo, el mismo veneno que los mata, también (en una dosis un poco más elevada) daña a los humanos.

A muchas plantas se les atribuía una acción afrodisíaca porque recuerdan a órganos sexuales. Esa acción, en muchos casos, no se ha podido comprobar, puede ser provocada por el efecto placebo.

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