Superalimentos

Bayas de goji

“Bayas de goji”, los frutos de la cambronera

Mucha gente que se ve en un mundo de prisa, no se toma el tiempo para disfrutar de una buena comida equilibrada. Así surgen las ofertas de comida rápida (inglés: fast food).

También personas con algo de consciencia de alimentación sana a veces quieren ponerse comida rápida. Para eso sirven los llamados superalimentos que se consideran como comida concentrada con muchas propiedades. La fama de ser superalimentos la tienen la Espirulina, la Clorela, las bayas de Goji (1ª foto), la hoja de Chaya, la Levadura de Cerveza, el Wheatgrass, la Chía (2ª foto) y algunos productos más.

Todos estos productos, sin duda alguna, son saludables en consumo razonable (observando sus contraindicaciones). Sin embargo, no pueden sustituir una alimentación equilibrada, sí que pueden constituir una parte de la dieta dentro de una alimentación natural. La declaración que algo es un superalimento, siempre tiene cierto sensacionalismo y por lo general representa intereses económicos.

En muchos casos, estos productos se venden muy caros. Para la mayoría de los consumidores no son asequibles de producción local. Así aumentan la dependencia de la producción industrial y del transporte sobre grandes distancias. La razón por la que la gente los consume, suele ser la moda más bien que la salud.

Semillas de chía

Semillas de chía

A menudo hay alternativas mucho menos costosas. En vez de bayas de Goji uno puede comer Tomates que tienen casi las mismas propiedades y un precio mucho más bajo. En Europa, en vez de Chía importada de Mesoamérica, uno puede comer Linaza o, si se trata de obtener omega-3, pescado (por ejemplo Bacalao); si se trata de obtener calcio, uno puede tomar Leche o sus derivados, mucho más baratos por gramo de calcio que la Chía.

A veces -como en el caso de la Clorela– surgen esperanzas que con tal alimento se pueda alimentar la población global en crecimiento y acabar con el hambre en la Tierra. Para la clorela se mostró que para tener ese gran valor nutritivo que haría falta, necesita mucho abonado, lo que baja la rentabilidad. Además es bueno recordar que el hambre no es resultado de una falta de producción sino más bien resultado de una distribución desigual de los alimentos. Por un lado hay quienes sufren de hambre, por el otro lado hay una gran sobreproducción que resulta en enfermedades como la obesidad y en muchos productos desapreciados que acaban tirados a la basura. Un paso para cambiarlo puede ser dejar de comprar productos baratos cuya producción se basa en la explotación de poblaciones lejanas y concentrarnos en productos locales.

Enlace externo:

Consecuencias de las modas de productos de lejos (en inglés)

Leave a Reply