¿Cómo elegir la planta para usar?

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Cerraja, a menudo al alcance aunque suele pasar desapercibida

Si buscamos una planta con una propiedad dada, en la mayoría de los casos encontramos varias, a veces muchas, plantas con esa propiedad. Allí nos encontramos con la pregunta: ¿Qué planta será la mejor? A veces podemos excluir algunas por sus contraindicaciones o simplemente por otras propiedades que no son deseadas. A veces se ofrecen ciertas plantas porque combinan varias propiedades deseadas. Con todo esto, nos quedan muchos casos que nos dejan con una buena selección de plantas. Allí entran varios aspectos.

Un factor importante es la disponibilidad. Si vivimos en un lugar donde crecen cerrajas de sobra, no tenemos que comprar diente de león en el herbolario sólo porque es más conocido. (Es uno de los propósitos del ABC de Plantas Medicinales ayudar a conocer el valor que tenemos a la mano.)

No tendremos la misma fuente principal de grasas si estamos rodeados de olivos, o si estamos en una zona de amplios campos de girasoles, o si estamos en una zona de montaña especializada en ganadería con mucha producción de mantequilla. Dar preferencia a los productos locales (aunque no en exclusividad) no sólo ahorra energía de transporte, también nos ofrece más relación con el entorno donde estamos.

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Cuando se ve esto, es temporada de manzanas

Si no es la temporada de manzanas, teóricamente podemos comprar manzanas que han llegado desde el rincón más lejano del globo con mucho gasto de petróleo. Más responsable es, sin duda, buscar una alternativa más cercana, puede ser una variedad vieja de manzana que se pueda almacenar bien durante más de medio año (y ésa probablemente tiene más sabor y más propiedades que las manzanas de grandes plantaciones), o puede ser otra planta al alcance.

A la hora de recoger plantas no vamos a sobreexplotar una especie poco frecuente.

Luego entran decisiones personales como el gusto en cuanto al sabor. Si a alguien no le gusta el cilantro, no tiene que forzarse, mejor busca una alternativa. Un prejuicio viejo dice que lo saludable tiene que saber mal. En algún caso puede pasar que una medicina tenga un sabor desagradable. Pero por lo general es aconsejable combinar lo saludable con lo sabroso. Comer algo con disgusto hace que el cuerpo lo rechace hasta cierto grado y así puede ser menos saludable de lo que dicen los libros. ¡Estemos sanos con gusto!

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