¿Cómo conocer la charlatanería?

Se encuentran muchas informaciones sobre plantas medicinales. Y no es siempre fácil discernir si algo es fidedigno.

Si encontramos dos fuentes que se contradicen entre sí, no tiene que significar que una sea charlatanería. Muchas informaciones se basan en tradiciones y quedan por comprobar científicamente y las tradiciones pueden variar según el lugar. También entran aspectos ideológicos que tal vez reducen el valor de la información pero sin embargo no le quitan todo su valor.

Es aconsejable quedar escéptico si algo se presenta de una manera sabidilla, si alguien pretende tener soluciones sencillas para enfermedades difíciles -ya sea el ébola o el cáncer– sin ni siquiera explicar en qué se basa tal afirmación. No es ninguna cuestión que el riesgo de cáncer se puede reducir con una alimentación saludable, por ejemplo con muchos antioxidantes, y sin duda el zumo de limón tiene un gran potencial. Pero si una fuente afirma que -por ejemplo- el limón u otra planta ofrece una protección absoluta y ni siquiera distingue que hay diferentes tipos de cáncer, es bueno no creerlo sin investigarlo meticulosamente.

Si una fuente elogia plantas sin mencionar sus contraindicaciones, eso ya es sospechoso (aunque hay plantas de las que no se conocen contraindicaciones importantes). Es igual de poco serio recomendar el cáñamo sin mencionar sus contraindicaciones que condenarlo sin mencionar sus grandes propiedades.

Si una fuente habla de la leche sin discernir entre la leche fresca y la tratada del supermercado, ni entre la leche de ganado con pasto y la de ganado con alimentación con soja, lo mínimo que se puede concluir de eso es que la persona que lo ha escrito, habla más de lo que sabe. Todo el mundo quiere tener una opinión sobre la leche, incluso la gente que no conoce sino la del supermercado. Fuentes que promocionan una alimentación sin productos animales y niegan la naturaleza omnívora de los humanos, seguramente no merecen ser tomadas en serio pues carecen por completo de un entendimiento del cuerpo humano y siguen intereses industriales, o se adaptan a una moda esnobista por oportunismo, lo que tampoco debería hacer un informe serio.

Si una fuente dice que la quimioterapia es muy mala, hay que estar alerta. Está claro que la quimioterapia tiene sus efectos secundarios que pueden ser muy dañinos. Y como ese tipo de terapia está en desarrollo rápido, los efectos secundarios a largo plazo no se suelen conocer. Decir que los médicos que la usan están solo interesados en negocios, es un juicio muy duro. Para un médico puede ser una decisión muy difícil si prescribir una quimioterapia o no. Puede que haga una decisión equivocada. Y no por maldad sino porque el cuerpo humana es muy complejo y muchas cosas no se saben aún. Y sería apropiado mostrar algo de empatía por tales dificultades profesionales.

Por supuesto, en la medicina como por todas partes, también juega un papel el negocio. ¿Pero quien será tan ingenuo como para pensar que eso valga solo para la medicina química y no para la fitoterapia y otras terapias alternativas como la homeopatía o la acupuntura? Tal dualismo de “los malos” y “los buenos” es típico de teorías conspirativas pero no de informes serios. Las teorías conspirativas pertenecen a la charlatanería y no a una fitoterapia fidedigna (sin que queramos negar la existencia de ciertas conspiraciones).

Aunque en algún caso, un remedio puede tener un efecto que parece un milagro, la promoción de remedios milagrosos suele formar parte de la charlatanería en el sentido de quackery, no de una fitoterapia seria. Si alguien promueve por ejemplo el MMS (“miracle mineral solution”), una solución del venenoso clorito de sodio que en uso correcto tiene unos cuantos efectos positivos, como una panacea milagrosa contra el cáncer, el sida, tal vez el ébola y muchas otras enfermedades, hay dos posibilidades: o es por inocencia si es una persona sin conocimientos de asuntos medicinales, o es por algún motivo falso. Tales propagandas ponen en peligro la reputación de todas las medicinas que pueden ser alternativas a la medicina de las industrias farmacéuticas. Así conviene que los promotores de la fitoterapia nos distanciemos claramente de esos engaños. Si hubiese unos remedios tan sencillos para todos los sufrimientos, no haría falta toda la información detallada que proveen los fitoterapeutas.

Enlace externo:

Pseudociencia y teorías conspirativas (en inglés)

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