Placebo

En la medicina, los médicos a veces usan productos que carecen de principios activos sin que los pacientes lo sepan. La creencia del paciente en recibir un medicamento con principios activos lo hace superar ciertos sufrimientos, por ejemplo en pacientes con dificultades de dormir. Así se evitan los efectos secundarios de los medicamentos. Esos productos se llaman placebos.

En bastantes casos, se atribuyen propiedades a plantas que se basan sólo en el uso tradicional sin que haya experimentos científicos sobre eso. En esos casos es posible que se trate de un efecto placebo. Es bien conocido que los efectos de varias plantas y sus preparaciones dependen del fondo cultural. No es lo mismo tomar ayahuasca entre los shipibo del Perú que tomarla en Europa.

Incluso hay quienes dicen que toda la homeopatía (y aún más las flores de Bach) se basa tan solo en efectos placebo. Para el paciente que se ve sanado, por supuesto, da lo mismo si fue un principio activo lo que lo ha sanado o el efecto placebo. Para el médico en cambio puede ser importante saber para el uso futuro si la sanación se basa en un efecto placebo.

Para averiguar las propiedades y acciones de una planta o un medicamento (homeopático o alopático) se hacen experimentos a doble ciego: algunos pacientes reciben un medicamento con principios activos, otros un placebo y ni los pacientes ni el médico saben quién recibe cuál. Si luego hay una diferencia significativa entre los dos grupos de pacientes, se concluye que el medicamento tiene la acción correspondiente.

En la lengua corriente se suele decir “efecto placebo” también cuando algo tiene un efecto adversario debido a la creencia y la expectativa. Dicho correctamente, eso es el efecto nocebo. Eso pasa por ejemplo cuando alguien come setas comestibles, luego cree que son venenosas y le vienen los síntomas como si fueran venenosas. El efecto nocebo puede ser un problema serio para personas con ortorexia.

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