¡Cuidado con las doctrinas de alimentación!

Patatas con ortiga y queso de cabra

Patatas con ortiga y queso de cabra, bien comestibles sin ninguna doctrina

Un síntoma de la sobrealimentación y el consumismo es que últimamente surgen cada vez más doctrinas de alimentación que pretenden saber cuál alimentación es la mejor para todos. Y mucha gente queda confundida y ya no sabe qué creer. Y de creer se trata en muchos casos. Muchas doctrinas se defienden con rigidez sin tomar en cuenta las diferencias individuales.

Mucha gente ha aprendido una sola doctrina y la toma por la verdad absoluta (especialmente común entre los defensores de doctrinas dualistas como la macrobiótica y el equilibrio entre ácidos y alcalinos). Y por ende considera todas las demás doctrinas como falsas, ya sea mentirosas o equivocadas. Es lo mismo que ocurre cuando una persona sin conocimiento de psicología toma un curso de psicología: probablemente lo tomará por la verdad indiscutida y ya cree que sabe todo sobre la otra gente. Si en cambio alguien tiene un fondo de conocimiento psicológico, sabe relativizar lo aprendido porque sabe que hay muchísimas doctrinas y muchísimas maneras de interpretar la gente.

A menudo el propósito de tal doctrina, más bien que fortalecer la salud, es la autodefinición con separación: “Yo soy vegetariano, tú no.” Y ese distanciamiento no se aplica solo contra alguien que coma carne en exceso sino también contra alguien que coma un trocito de vez en cuando, eligiendo bien la procedencia. Argumentos ya no cuentan; si alguien nos dice que la leche que consumimos (e incluso el estiércol con que se abonan nuestras verduras) produce carne como subproducto, nos vamos a enfadar que diga eso, o le vamos a explicar un modelo teórico para decirle que se puede producir leche sin que haya carne. Pero no lo vamos a poner en práctica para demostrar que tenemos razón.

Rebaño trashumante

Rebaño trashumante que crea biotopos

A veces pasa que un ecólogo da una charla sobre el valor ecológico de la ganadería trashumante y nos pide a sus oyentes que apoyemos esa economía con la compra de carne. Y nosotros decimos: “Lo entendemos, pero no comemos carne.” Si ya entendemos que nuestros argumentos contra el consumo de carne, basados en una crítica hacia la ganadería industrial, no valen en este caso, ¿por qué no somos tan flexibles como para comprar esa carne? ¿Qué vamos a perder con eso? ¿Vamos a enfermarnos por un poco de carne? ¿O más bien solo perderemos nuestra autodefinición como vegetarianos? ¿Eso nos vale más que la ecología?

Yogur del bote

Yogur, para algunos bueno, para otros malo

Por lo general, los adeptos de una doctrina la defienden como una religión. Tomemos un ejemplo que últimamente evoca mucha polémica: la leche y los lácteos. Mientras que los unos indican que una parte considerable de la humanidad ha vivido bien con leche durante miles de años, otros acentúan que la otra parte ha vivido sin leche (aparte de la materna) desde siempre. Un debate típico entre defensores de doctrinas que solo quieren tener razón suele seguir así: el primero dice que la historia demuestra que la leche es importante, el segundo insiste que la historia demuestra que la leche es dañina. Y los dos no perciben los argumentos ajenos. Entre personas que buscan información, será diferente: El primero tendrá que admitir que la historia de Japón y muchas otras regiones demuestra que la leche no es tan imprescindible como pensaba. Y el segundo tendrá que admitir que muchos ejemplos -desde los sami en Laponia con leche de rena hasta los khoikhoi en Sudáfrica con leche de vaca y hasta los mongoles con leche de yegua, incluso los saraguros en Ecuador que después de la Conquista española desarrollaron un sistema de seminomadismo con vacas- demuestran que la leche no es tan dañina como pensaba. Y ya llegamos a la conclusión que tanto con leche como sin leche se puede vivir muy bien. Si tenemos un mínimo de conocimiento de antropología, ya lo sabíamos antes y no nos sentimos amenazados si otra persona tiene otros hábitos. Luego, si salen indicios que la leche provoca alergias, osteoporosis, cáncer y otras enfermedades, si queremos tener razón y argumentar contra la leche, ya no preguntaremos más sino lo repetiremos tal cual. Si buscamos aclaración, en cambio, preguntaremos cómo puede ser que una parte de la humanidad ha vivido bien con leche durante milenios y hoy de repente provoca un montón de enfermedades. Obviamente la calidad de la leche ha cambiado. La causa no es la leche como tal, ¿serán las hormonas en la leche de la ganadería industrial?, ¿será la alimentación con soja o la falta de luz del día en las fábricas de vacas?, ¿será el procesado de la leche entre el ordeñar y la venta?

Roquefort

Queso, objeto de polémicas, aquí roquefort

¿Cómo surgen tales doctrinas? Por ejemplo, alguien come queso en exceso y luego no se siente bien. Entonces deja de comer queso y se siente mejor. En vez de predicar la moderación con un producto tan energético, predica que el queso es malo. Los que estamos interesados en plantas medicinales ya lo sabemos: ninguna planta es mala de por sí, pero muchas plantas pueden resultar malas si usadas mal. Las contraindicaciones del cáñamo o del tabaco no les quitan sus valores medicinales. De la misma manera, todos los con un interés en plantas medicinales entendemos en seguida que el queso no es malo, pero que puede ser malo si comido en exceso, igual que los cacahuetes. Pero si somos inocentes en cuanto a los temas de salud, puede que nos quedemos con la idea de que el queso es malo. Y una vez tengamos esa idea, vamos a interpretar todo lo que nos llegue para apoyar nuestro odio. Todo lo malo que alguien diga sobre cualquier lácteo, lo vamos a sacar fuera de su contexto para usarlo contra el queso sin ni siquiera investigar si es cierto para el queso. Y es muy probable que, como ya no podemos saborear el queso, nos enfademos con los demás por no someterse a las mismas restricciones.

Las doctrinas, si seguidas con dogmatismo, pueden llevar a una ortorexia. Y a menudo crean tensiones sociales. Si como europeos somos invitados a comer en una comunidad indígena en los Andes y rechazamos la comida porque lleva carne, los indígenas se sentirán menospreciados: allí vienen unos gringos con mucho dinero, les ofrecemos lo mejor que tenemos y para ellos no es suficiente bueno…

Así las doctrinas alimenticias suelen producir más odio que sanación. Mejor comprendemos que nuestra doctrina puede ser válida para nosotros en cierto contexto pero no para todo el mundo, y no necesariamente para nosotros en cada contexto. Cada quien tiene que encontrar lo que le haga bien.

Enlaces externos:

Los lácteos, ¿buenos o malos?

¿Los veganos pueden tragar la verdad sobre la quinoa? (en inglés)

He aquí por qué he vuelto a comer carne (en francés)

Leave a Reply