¿Cómo preparar una infusión?

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Las infusiones de plantas medicinales son una forma muy común de beneficiarse de sus propiedades, junto a las decocciones o cocimientos.

1º – Se ponen las plantas desmenuzadas (a veces también enteras, según es práctico o no) en un recipiente adecuado; algunas plantas (como algarroba, jengibre o estevia) se pueden poner en el agua ya antes de hervir.

2º – Se vierte agua hirviendo en cantidad proporcionada e inmediatamente se tapa el recipiente; o se ponen las plantas en el agua que acaba de hervir.

3º – Se deja reposar durante unos minutos, el tiempo puede variar según la planta.

4º – Se pasa por un colador y ya está preparada la infusión. Algunas plantas se pueden dejar en la infusión hasta beberla.

A veces se encuentran reglas para la dosificación como la de una cucharilla de café por taza. Eso no es útil en muchos casos porque requiere que la planta se despedace tanto como para poderse medir con cucharillas. Ese tabajo a menudo es superfluo.

Si al enfriarse la infusión hay una capa que parece aceite, no hay por qué preocuparse: es aceite esencial.

Bolsita de infusiónPor supuesto, algunas propiedades se pierden con el calor; no hacemos infusiones si necesitamos los enzimas de las plantas, en ese caso podemos hacer maceraciones en frío.

Una vez una infusión esté fría, no es aconsejable volver a calentarla mucho pues pierde propiedades, por ejemplo evaporan los aceites esenciales, por ejemplo una infusión de menta recalentada ya no tiene mucho de menta. Mejor tomarla en frío o tibio (a no ser que se tome para calentarse y no tanto por las propiedades).

Un método de conservar una infusión durante unos días es la kombucha.

Por supuesto es posible hacer una infusión de bolsita. Pero eso será la última opción; si es posible hacerla de hierbas frescas o sea de hierbas secas sueltas, eso siempre es la mejor opción.

He aquí unas recetas de tisanas.

Enlace externo:

Cómo preparar una infusión de hierbas frescas

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